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El 8M desde las trincheras sindicales


El sol apenas asomaba por el altiplano cundiboyasense cuando Ana, líder sindical de la fábrica papelera, se preparaba para la marcha del Día Internacional de la Mujer. Un año más, las calles se teñirían de verde, morado y rojo para reivindicar la igualdad y la justicia para las mujeres.

Ana, con sus 50 años a cuestas, había vivido en carne propia la discriminación y la desigualdad en el ámbito laboral. Desde sus inicios como operaria, había luchado por mejores condiciones de trabajo, por un salario equitativo y por el fin del acoso sexual.

En la fábrica, las mujeres eran mayoría. Ellas eran las que operaban las máquinas, las que empacaban el producto final y las que controlaban la calidad. Sin embargo, sus voces no siempre eran escuchadas. Los puestos de dirección y los salarios más altos estaban reservados para los hombres.

Este año, la marcha del 8M tenía un significado especial para Ana. El sindicato había logrado importantes avances en la lucha por la igualdad de género en la fábrica. Se había firmado una convención colectiva que establecía la igualdad salarial entre hombres y mujeres, se habían implementado medidas para prevenir el acoso sexual y se había creado un comité de género para velar por los derechos de las mujeres trabajadoras.

Ana caminaba por la calle con paso firme, junto a sus compañeras del sindicato. La multitud coreaba consignas como "Igualdad salarial", "Basta de violencia contra las mujeres" y "Ni una menos". En el aire se respiraba un ambiente de lucha y esperanza.

Al llegar a la plaza principal, Ana tomó el micrófono y se dirigió a la multitud. Con voz firme y emocionada, habló sobre la importancia de la lucha por la igualdad de género. "No podemos permitir que la discriminación y la violencia sigan siendo parte de la vida de las mujeres", dijo. "Tenemos que seguir luchando por nuestros derechos, por un futuro más justo e igualitario para todas".

Las palabras de Ana fueron recibidas con aplausos y vítores. La multitud se dispersó poco a poco, pero el mensaje del 8M quedó resonando en las calles. La lucha por la igualdad de género es una lucha que continúa, una lucha que se libra día a día en las calles, en las fábricas, en las oficinas y en los hogares.


Ana y sus compañeras del sindicato son un ejemplo de la fuerza y la determinación de las mujeres que luchan por un mundo mejor. Su historia es una historia real que nos inspira a seguir adelante en la búsqueda de la igualdad.


FELIZ DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER!!!

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